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Piensa en una imagen que te transporte a la niñez, que abra la caja de los recuerdos.

Un día, gracias a esas casualidades bonitas de la vida, mami se detiene para disfrutar de la ilustración de un personaje de cuento junto a su compañera de juego, una igualita a la que ella tenía, ¡UNA BICICLETA AMARILLA! Se muere de curiosidad, necesita conocer su historia para compartir nuevas aventuras con estos dos pequeños.

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Así surge la magia y descubrimos que Liana Editorial, con una maravillosa colección (los nenúfares), nos permite volar con la imaginación y dar pedales por un camino de letras y colores subidos a una ¨incursión poética¨: LA BICICLETA AMARILLA

 Una historia que transmite un mensaje de ilusión y felicidad alcanzable; que refleja el sentimiento de esos niños que hemos sido, somos y seremos amantes de la bicicleta. Divertida, colorida, entrañable, de la que pueden aprender tanto nuestros pequeños lectores (amistad, creatividad, cuidar el medio ambiente, aprender a reciclar,…)

Matteo Pelliti con un don especial, jugando con 16 estrofas en octava real, pone ritmo y emoción a la infancia de un amigo de esta familia, Juanito. Un niño con un precioso sueño: una BICICLETA

Y no una cualquiera, una de un AMARILLO tan intenso como la vitalidad y la fuerza de emociones y sentimientos que nos invaden cuando somos pequeños. Trazos dinámicos que nos regala Riccardo Guasco para que disfrutemos de la mejor y la más bonita, inseparable e incansable amiga con la que dar pedales.

Gracias a la traducción de Marta Tutone hemos podido agarrar con fuerza el manillar, coger la marcha y disfrutar de un fantástico paseo sentados en un sofá que imaginamos de un amarillo enérgico.

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Os avisamos, si cuando terminéis la lectura del cuento, al cerrar sus pastas, tenéis una sensación rara es que os habéis contagiado. Lo bueno es que por aquí no aparecen ni virus ni bacterias sino ganas locas de SOÑAR DESPIERTOS. Bonito contagio, ¿verdad? 

 Mamá nos dice que si escribimos esos sueños en papel, y no olvidamos dónde lo hemos guardado, seguro que todos se irán cumpliendo. Tal vez por eso, el personaje de este cuento, escribe que te escribe, dibuja que te dibuja, ha visto cumplido el suyo con la ayuda de su papá. 

Vive en una ciudad, aunque de cartón, muy parecida a la nuestra. Una gran urbe, de esas que parece que nunca duermen, llena de luces, de ruidos y humos. Coches, motos, autobuses, todo tipo de vehículos, invaden sus calles. Seguro que a Juanito también le dicen que tenga cuidado, que abra bien los ojos y respete las señales de tráfico. 

Y tanto tanto abre nuestro amigo sus ojitos que un día, entre aquella multitud, no dejó pasar desapercibida una bicicleta de carreras amarilla. Desde entonces, ¿sabéis con qué sueña? Seguro que lo adivináis. 

Por la ventana hemos oído la respuesta de algunos de vosotros. ¡Eso es! Una BICICLETA. Sueña con montar en su bici, pedalear y ser feliz.

En la cabeza de Juanito no paran de cavilar ideas. ¿No os ha pasado nunca que cuando deseáis una cosa lo veis por todas partes? Piensa en ella de camino al colegio, mirando un escaparate… El pequeño no es capaz de concentrarse en clase, seguro que cuadros de metal amarillo dibuja por todas partes.

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Tan emocionado estaba que a su papá le insistía con esa bicicleta amarilla. Pronto llegaría su cumpleaños y al padre de Juanito se le ocurrió una bonita sorpresa. Sin decir nada, salió en busca de una ¨bici¨ vieja, tal vez encontrara algunas piezas sueltas, para poder cumplir el sueño de su pequeño.

Con estos tiempos de bicicletas estáticas, que ni suben ni bajan, de rascacielos infinitos, las páginas de este cuento nos muestran que muchas de ellas viven tristes atadas a una farola, sin ser utilizadas esperando a que algún papá haga con ellas magia.

Llegó el día, algo le esperaba en el garaje. Nervioso abría la enorme puerta… Con cara de sorpresa, y boca abierta, Juanito no daba crédito a lo que veía: un cacharro viejo que quería parecer el esqueleto de una usada bici. 

Con el cuento entre las manos, animamos al pequeño como lo hacía su papá: ¨paciencia, ¡espera a verlo terminado! ¡va a ser la mejor del mundo!, ¡serás el más veloz de la ciudad!¨ Al pobre de nuestro amigo no le queda más remedio que aguantar, entre lágrimas, sin entender nada de lo que todos le decimos. 

Si algo hemos aprendido es que el amor por un hijo lo mueve todo, incluso el tiempo. Trabajando sin parar, colocando las piezas, el papá de Juanito ha conseguido una flamante máquina amarilla con la que ir muy deprisa. Con las ganas que tenía de pedalear, seguro que ahora se le quede corta la ciudad y decida recorrer el mundo subido a su bicicleta.

Nosotros encantados le acompañaremos en el camino y, si no puede salir de las tapas como dice papá, ayudaremos a nuestro amigo (que eso es la amistad) pisando fuerte el pedal para que a través de nuestros ojos pueda descubrir la belleza de rinconcitos mágicos de los que nos gusta disfrutar. Estamos convencidos que cada vez que un niño sale en bicicleta a pasear el sueño de Juanito se cumple un poquito más.

¡Cómo no nos íbamos a contagiar! Menos mal que nuestro remedio es divertirnos subidos en un cuadro que, aunque viejo y desgastado, sea de un color tan intenso que nos dé la fuerza para pedalear. Sin tomar ¨comistrajos malos¨, convirtiendo sueños en vivencias y éstas en recuerdos; disfrutado tanto de esa libertad que queramos seguir construyendo más de esos sueños, de esas vivencias, de esos recuerdos.

Como lo hace esta mami, que veía como sus vacaciones de verano llegaban con la llamada: ¨ operación cámara¨¨

Así llamábamos todos los primos a aquel momento tan esperado en el que adultos bajaban de la cámara (trastero en casa de los abuelos): esqueletos, cadenas oxidadas, y ¨cámaras¨ de todos los tamaños, con y sin pinchazos. Todos heredábamos algo de todos, y el patio se convertía en un taller improvisado, en el que los más pequeños jugábamos a correr veloces en unos cuadros ¨sin pedales¨, llegando con imaginación, y entre risas, a todas partes.

Como lo hace esta familia que, tras abrazar este bonito cuento y volver a los recuerdos, ha querido construir otros nuevos. Una caja de zapatos decorada como cofre del tesoro ya tenemos preparada, una mochila cargada de agua y alguna barrita energética (por si nos entra la ¨pájara¨) son necesarios para hacernos kilómetros y kilómetros de sueños que escribiremos en piedras que encontremos por el camino, y que guardaremos como tesoros que hagamos realidad.

Y así, como lo hace el autor que nos invita a leer o cantar (que también se puede) una aventura que engancha porque, ¿quién no ha disfrutado alguna vez de un paseo en bicicleta?, os invitamos a pedalear y encontrarnos por el camino para que a través de nuestros ojos (acompañados de esa musiquilla) Juanito pueda ver el mundo y ser feliz.

¿Te ha gustado? ¿Nos ayudas a compartirlo?

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