Cada copo tiene su magia

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Lunes, el primero de diciembre. El despertador suena, hay que ir al cole.

Después de un fin de semana disfrutando de un pellizquito de Navidad, nos cuesta levantarnos. Belenes que nos abren sus puertas, flores de Pascua,… ¡olor a castañas asadas! Los señores abetos, con tronco frío y brillantes bufandas, nos susurran que no nos quedemos en casa. Las calles y plazas se han vestido, para todos, con sus mejores galas. 

Pronto decoraremos nuestro hogar. Ayer hicimos el  calendario de Adviento. Le pusimos mucho color con acuarelas a nuestras estrellas. Con lazos rojos sujetamos los 24 días que nos esperan. Tenemos que hacer propósitos… ¿Hacer qué?

Para poder comernos la chocolatina, que cada día lleva dentro, algo bueno ha de salir de nosotros. Mamá dice que no solo hay que portarse bien en esta época del año. Así que hemos decidido convertir estos días en un aprendizaje para toda la vida. Haremos de nuestras lecturas esos propósitos. 

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La idea nos la han dado unos copitos blancos. Personajes de cuento, que alguno de nosotros piensa que son malos, malos, requetemalos. Pero el malo, ¿nace o se hace? Tal vez, ellos no tengan la magia de los cuentos para aprender a ser buenos. Quizá, en las nubes, no hay adultos que expliquen que no hay que hacer daño a nadie. Seguro que no aprenden porque no tienen todas estas figuritas de chocolate. 

¿Queréis saber por qué son malos los copos de nieve blancos? La lección que hemos aprendido es muy, muy bonita. ¿Os quedáis con nosotros para descubrir su magia?

Hoy nos tenemos que abrigar bien, hace mucho frío. 

“Por fi, unos segunditos más en la cama”, decimos a mamá.

Sin quitar la mirada del cielo, con las palabras de este cuento, recuerdos han llegado a ella. Ve caer los primeros copos de nieve. Abre la ventana, estira el brazo y saca su mano. 

Detrás le sigue el pequeño de su hermano. “Mira, está nevando…”

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Ya había llegado el invierno. Se habían esmerado mucho durante largo tiempo para que, en los meses de más frío, los niños se despertaran y disfrutaran tras las ventanas de un paisaje tan blanco como la leche que tomaban en el desayuno.”

Gorros, guantes y bufandas. Las luces están apagadas, solo alguna farola rezagada. Una sonrisa pilla nos delata. Mami nos avisa, “cuidado, que el suelo resbala.” Los guantes se quedan mojados, la cara helada. Deseando que llegue la hora del patio, nos despedimos con un beso y algún que otro “bolazo”.

Hoy no nieva, pero un copo ha bajado para estar con nosotros. Hace unos días esperábamos su nacimiento. Ya está aquí y es muy divertido, diferente a todos, molón. EL COPO AZUL, un simpático personaje. Podremos extender nuestros brazos, abriendo bien las manos, para que nuestro copito favorito se sienta querido por todos.

Porque no siempre se ha sentido así de querido. El resto de los copos blancos pensaba que si Copo Azul salía de las nubes el encanto de la nieve desaparecería. Todos tienen que ser iguales. Siempre han sido así, blancos. 

Después de conocer la historia de nuestro amigo, solo podemos decir: “¡Un rollazo, eso de ser copias de copias! Nos quedamos con ser originales”

Ningún copo blanco quería que uno diferente apareciese de repente para cargarse esa magia. Pero dos haditas, NAYRA SUÁREZ Y ZAIDA MONTES, escritora e ilustradora, vieron en él la verdadera belleza y sentido de la nieve y le dieron el lugar que se merece (mangopapayachocolate)

A Copo Azul le gusta mucho disfrutar de la compañía. Su tono es turquesa si juega con las olas, cielo si se disfraza con las nubes. Su corazoncito le hace ser de un delicado añil, sobre todo cuando le dicen palabras tan horribles como las que salen de la “bocota“ de todos esos copos blancos. El que más nos gusta es su tono zafiro. Tan intenso que nos hace ver que tiene claro lo que quiere, pese a lo que digan los demás: llegar a tus manos, y a las tuyas,…y a las tuyas.

Sin duda, para nosotros es un gran amigo. Porque nos gusta la diversidad. Copo Azul es único e imprescindible en la educación infantil. En la familia, en la escuela, para profundizar en el valor de la aceptación y la diferencia. ¡Total!, cuando caiga en el suelo será como una especie de helado marrón. ¡Qué más da el color!

Lo que importa es que tendamos la mano, sentirnos queridos, ser buenos amigos. Como es Sol, que al ver que Copo Azul lloraba se colocó debajo de él y unió sus rayos a aquellas pobres lágrimas. 

No nieva muy a menudo pero, cuando lo haga, esperamos en esta casa que sea tan “alucinante” como la que ha caído en este álbum ilustrado. Llena de tanta magia, con un montón de colores con los que hacer muñecos de nieve que no estén solo en nuestra imaginación.

TODOS SOMOS PIEZAS ÚNICAS DE UN PUZZLE INIMITABLE.

(Vamos a comernos nuestras chocolatinas)

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