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Estamos casi casi en la recta final de septiembre y, aunque ya han comenzado las clases, puede que la rutina aún no haya llegado a vuestras vidas: repaso de materia, horarios un poquito más cortos, extra escolares que no han comenzado. 

Un ¨dominguillo¨ para volver a la verdadera vuelta. Un paseo en bici antes de demostrar lo verdaderamente profesionales que somos ¿”Pilas cargadas¨ para una nueva etapa? Octubre, ¨un puerto con algo más de pendiente¨, nos espera. ¿Retomáis actividades o empezáis alguna nueva? 

Nosotros os queremos hablar de una que llevamos tiempo practicando. Una al aire libre, en la que aprendemos de colores, olores y sabores: los de la naturaleza, los que da la carretera, los que hacen que te conozcas a ti mismo.

Escribamos juntos, durante todas las estaciones del año, una colección de CUENTOS en la que seamos los protagonistas de fascinantes aventuras, kilómetro tras kilómetro.

Atrapado por la magia haces tuyo el mando a distancia hasta que acaba la etapa; o enciendes el televisor y ves venir ese ratito que te espera de descanso: la siesta; tal vez, eres de los que disfrutas del paisaje, con los comentarios de las voces del ciclismo, aunque sea mirando la pantalla; o te animas, sacas los bidones del congelador, y te enfundas el maillot. Tantos y tantos puede para un acontecimiento deportivo que se da una vez al año: la Vuelta Ciclista a España.

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Si lo llevamos a otro terreno: el de la vuelta de todos a nuestros trabajos, al estudio, a los horarios,… podemos hablar igualmente de tantos y tantos ¨puede¨.

Una vuelta que pasa por muchas etapas; para algunos fue la primera (con ese período de adaptación); para otros, ya más profesionales, llegó el reencuentro con los amiguitos, las charletas de recreo, y una mochila que se irá cargando de experiencia por el camino. Las primeras semanas de regreso al cole fueron para nosotros etapas suaves, pero ¿venimos con las pilas cargadas para un curso entero?

Este año la Vuelta Ciclista a España ha sido un motivador ejemplo. Los peques han disfrutado de ella de otra manera: a pie de carretera. Han visto, en vivo y en directo, a profesionales que se preparan con constancia (que saben lo que es el esfuerzo y el cansancio), pero que a la vez disfrutan y viven el ciclismo con pasión. Subidas y bajadas, todas ellas, con una recompensa: crecer personal y profesionalmente. 

Después de unas merecidas vacaciones venimos con energía para afrontar nuevos retos y sentirnos como estos deportistas. Muchos nos apuntamos: al gimnasio, natación, inglés, música… así que se nos ocurrió que si estos cuatro alumnos no pierden plaza, año tras año, y de nuevo se han matriculado en esta extra escolar ¨al aire libre¨, por qué no compartir con vosotros una actividad de plazas ilimitadas.

Cuando llegaron las primeras agendas escolares de nuestros hijos a casa decidimos anotar, entre risas, con el nombre de ¨EXTRA ESCOLARES¨ nuestros planes de escapadas de fines de semana. De lunes a viernes todas las horas estaban ocupadas de tareas, y casi ninguna de ellas las hacíamos todos juntos. Nos dimos cuenta que nunca escribíamos sábados, domingos o festivos, y que los niños no veían mucho más que cargas que les hacían resoplar. Manos a la obra, decidimos dibujar y anotar en estas fechas nuestros planes. El concepto de tarea cambió para ellos convirtiéndose, sin querer, en lo que es la esencia de este Cuento-kilómetros. Conocer parajes, pueblos y ciudades (como lo hacen los ciclistas o nosotros en esas vacaciones merecidas) nos ayudan junto a los libros y otras actividades a enriquecernos, y lo más divertido, en familia.

 Tras un debate de lo más interesante, los dos pequeños de esta casa han decidido que esta sea nuestra primera salida,¨¨un paseo en bici´”, tan presente en sus días de verano.

Ver los colores de unas cuantas flacas, así se conoce también a las bicis de carretera, se convirtió en un buen plan para esta familia. Todos colaboramos para que aquella ¨escapada” diese un giro a una dura etapa: las vacaciones de verano que acababan.

Una bombilla se enciende cuando recuerdas a una niña que vio como su localidad se convirtió, por una tarde, en el escenario de una de las etapas de la Vuelta Ciclista. Con una mochila cargada de agua y regalices salió con su familia a ver pasar por la gran avenida a unos incansables ciclistas, con los poderes del rayo. Allí, animando a los corredores, por primera vez, vio un abanico, una serpiente a todo color que, con los años, le servirían de inspiración.

Y es que si aquella tarde, algo lejana ya, dio paso a un verano en el que todos los niños querían ser ciclistas profesionales, coleccionar revistas de bicis, y hacer competiciones de chapas, por qué no disfrutar de nuevo de esa infancia, ahora con nuestros hijos. 

Palabras  nuevas, muchas de ellas hasta divertidas, hemos aprendido a pie de carretera: 

  • Abanico: los ciclistas se colocan en dirección lateral-frontal cuando sopla el viento y así acortar a otros corredores y que se descuelguen del pelotón al quedar desprotegidos.
  • Escapada: cuando un ciclista o un grupo pequeño salta del pelotón e intentan llegar a la meta por delante del mismo.
  • Lanzador: un compañero del mismo equipo que prepara el sprint de otro compañero llevándole a rueda, es decir, justo detrás de él hasta casi llegar a la meta.
  • Pájara: cuando el corredor está más bajo físicamente.
  • Pelotón: es el grupo principal de corredores.
  • Sprint: acelerar, ¨meter el turbo¨ al final en la carrera.

Y técnica, mucha técnica: ¿Sabíais que el ciclista tiene que estudiar y conocer al resto de participantes, y no mostrar sus debilidades? Algunos por aquí, lo desconocíamos. Puedes pensar que a un corredor le está adelantando todo un pelotón cuando realmente es el propio ciclista el que se aparta disimuladamente al final del grupo porque se nota más cansado y así poder recuperarse poquito a poco. 

Nuestro destino fue Benilloba, un pueblecito de la Comunidad Valenciana, perteneciente a la provincia de Alicante en la comarca del Condado de Cocentaina.

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No nos gustan mucho las curvas de la carretera, pero algo hizo que nos olvidásemos de ellas. Por allí, pasaría al día siguiente la vuelta y nosotros, disfrutando del aire con las ventanillas bajadas, jugamos a ser esa caravana que papá nos cuenta que anticipa la vuelta.

Para relajarnos y descansar una  preciosa casita rural, ALBEREDA, nos esperaba para abrirnos sus puertas con olor a ropa limpia y espectaculares vistas a la Sierra de Aitana. Sus techos y paredes nos contaban la historia de toda una vida cargada de recuerdos. 

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Una semana antes habían celebrado sus fiestas (entre el 14 al 18 agosto) y un castillo de cartón-piedra eran los resquicios que pudimos ver de una representación de moros y cristianos en la que participaron sus vecinos. Sí disfrutamos de un maravilloso paseo, con chaqueta de entretiempo, por sus calles iluminadas, con puertas y balcones que nos parecían mágicas, y de la Iglesia de Nuestra Señora de la Natividad (siglo XVII)

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Antes de ver la carrera un lugar mágico nos esperaba al abandonar la CV700 dirección a Alcoy para coger el desvío a la derecha hacia Cocentaina: el paraje del Salt. 

Un destino muy de cuento, bien señalizado, sencillito (no llega a 2 km) para los pequeños, en el que disfrutarán por el barranco del Cuixot, a lo largo del río Frainós (también conocido como río de Penáguila) de un acueducto y las ruinas de dos antiguos molinos harineros. Una sorpresa guardamos a  los pequeños para el final del trayecto. 

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A orillas del río, La Font de la Teulería nos da la bienvenida. Mochila con agua en la espalda, tomamos el camino al lado derecho del río (muy bien acondicionado, por cierto) para llegar al primer molino que vemos en nuestro camino. Se conoce con el nombre de El Molí de Les Penyes del Salt, y a pesar de que de él quedan sus ruinas, su belleza y el olor a anisete que lo rodea, hace que sea parada para una foto en familia.¡Pa´ta´ta!, desde un acueducto musulmán que nos permite apreciar muy bien las vistas del pequeño chorro que hay junto al molino. 

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Si seguimos la senda, con una preciosa bajada escalonada, llegamos a El Molí del Salt (siglo XIX). Aquí llega la sorpresa para estos pequeños que son dos enamorados de los chorros y cascadas. Nuestro anfitrión nos comentó que aquel molino se construyó en un lugar estratégico, un enorme salto de agua cuya fuerza permitía al molino fabricar la harina y, además, suministraba electricidad. Antes de dar la vuelta, sendero arriba,  un once (que no es cualquier nota para esta familia) le pusieron al paraje al que hicieron miles de fotos. Los ciclistas llegaban y antes, queríamos hacer otra parada.

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Retomamos la carretera dirección Alcoy para disfrutar de las vistas que nos regala el CASTILLO DE PENELLA (siglo XIII). Subimos ¨a lo más alto, de la más alta torre¨ (12 metros de altura aproximadamente) para olvidarnos de miedos y vértigos y saludar, desde nuestra lejanía, a otro castillo: el de Cocentaina.

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Si es la primera vez que veis la vuelta a pie de carretera, sin mirar relojes, sabréis que todo comienza cuando veáis la animada caravana  que anticipa la vuelta. Coches con marcas publicitarias van pasando. Bocinazos, saludos y obsequios como gorras y objetos, para animar a los ciclistas, son lanzados, ¡todos preparados! El ambiente va cambiando por momentos. Luego, eso sí, la espera hay que hacerla algo amena porque pasa un tiempo hasta que los ciclistas llegan: el juego estrella son las chapas, que ya traemos preparadas con nombres y patrocinio, lanzamiento de piedras (pequeñas) en el camino de tierra, unos walkie talkie para contar todo lo que allí va pasando, algo de picoteo y muy importante, agua muy fresquita para no deshidratarnos. 

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Desconectar para volver a conectar, cargar pilar para coger impulso y afrontar una de las etapas más complicadas para todo ciclista: la del aprendizaje. Pero en la que buscan retos, pueden con el cansancio, confían en ellos mismos, disfrutan el momento y son amigos de quienes hacen el camino con ellos. Son auténticos profesionales que aprenden los valores de este deporte que todos hemos practicado. 

Por hoy nos despedimos con un fragmento que en esta casa nos encanta. Palabras que escribió Pedro Delgado como prólogo para el libro “Conocer el ciclismo¨, de Ignacio Mansilla:

 y, no lo olvides, cuando vayas en la ¨bici¨, aprovecha para despertar tus sentidos, el placer del viento en tu cara, sed de agua, el sudor, el cansancio, la ducha tras el esfuerzo, el descanso bien merecido,…Es una vuelta a sentirse uno mismo, olvidar o meditar tus problemas, desde otro punto de vista.

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